Hay que dejar de saltar

Mientras eres niña, sueñas con lo que será tu vida. Si tus padres son baby boomers, probablemente creciste con mucha afirmación:  “Lograrás lo que te propongas”, “Puedes ser basurero si quieres, pero si decides recoger basura, debes ser el mejor”, te decían.  Creces, estudias, te enamoras y si tienes suerte, te casas con un buen hombre. Sí. Dije ‘si tienes suerte’ con toda intención. Sinceramente, no creo que todo tenga que ver con el hecho de ” haber elegido bien”,  como tanta gente dice, pero ese es tema de otro día.

Pacientemente, esperas por la oportunidad del trabajo de tus sueños. Y no estás quieta, sigues haciendo lo mejor que puedes en el lugar donde estás, pero sigues albergando la esperanza de esa oportunidad.  También esperas el momento adecuado para tener hijos. Esperas por el momento adecuado para vacacionar.  Esperas por el momento adecuado para cambiar a los niños de escuela, para la maestría…    Esperas… esperas…  esperas.

Y en todo tiempo, permaneces ecuánime. Tranquila. Cómoda en tu propia piel…    Hasta que llegan los 30…   31…  32…   33  (…) .   O quizás los 25, o a los 40, porque no sé en qué edad te tocó vivir la segunda adolescencia [que es mejor, porque estás totalmente consciente de tu transformación] Pero la onda es que te das cuenta que esperar no te llevó  al lugar en que hubieses querido estar en este momento.

Y lo paradójico de todo este cuadro,  es que no te sentías inmóvil. Estabas estudiando y esperando.  Estabas formando tu negocio y  esperando.  Estabas planificando tu familia y esperando.  Estabas dirigiendo a tu equipo de trabajo, de la mejor manera posible, mientras seguías esperando.

¿Y ahora qué? Pues bien, hay que dejar de saltar.  — ¿De saltar Heidy?  ¿Pero, no me acabas de decir que he estado esperando? Sí. Hay que dejar de saltar, déjame explicarte:

Hay que dejar de ver las oportunidades como globos llenos de  helio flotando sobre nosotras, mientras identificamos cuál queremos y cuándo debemos saltar para tomarlos. El problema con esto, es que siempre llegarán globos que no podremos alcanzar.  Deja de mirar tu vida como una línea diagonal en la que debes ir alcanzando altura, la vida es un camino, punto.   ¡La vida no se vive subiendo pendientes, ni montañas!  Sinceramente, no me parece que exista peor analogía.  ¡En la vida no existen las cúspides!  Perdónenme, pero no creo que la meta sea llegar al lugar más alto.  Eso es una imagen muy bonita, pero errónea.

Aquí el propósito debe ser caminar. Firme, caminar.  ¿Que tus amigas ya tienen maestría y hasta doctorado? ¿Que ya son madres y tu no ? ¿Que otras ya lograron su negocio? ¿Que aquella siempre tiene la casa exacta? Perfecto, ellas han caminado por esas veredas mientras tu caminabas otras.  No es asunto de altura, es asunto de dirección. No es asunto de logros, es asunto de ser.   ¿Que la oportunidad que esperas aún no llega?  Deja de mirar hacia arriba. Deja de saltar esperando alcanzar ese “globo”  y en su lugar, mira hacia adelante y cambia de dirección.  No más alto, no más bajo, mira sólo unos pasos hacia adelante y camina. Busca el currículo de la maestría, busca información de las nuevas escuelas para tu hijo, amplía el sentido de la maternidad y considera la adopción, comienza a ahorrar para las vacaciones, comienza el doctorado, comienza a buscar un nuevo trabajo.  ¡Deja de saltar y camina!

Yo dejé de saltar y mis queridas…   Ahora todo está a unos cuantos pasos en una nueva dirección. Desde que cambié  la manera de mirar, nada es inalcanzable.

Heidy Norel

Apasionada fotógrafa de familia. Pionera de la fotografía de parto en Puerto Rico. Su trabajo fotográfico ha sido reseñado en Univisión Puerto Rico, el portal de noticias internacional BBC Mundo, el Blog de Baby Center en español y la revista estadounidense de partería Midwifery Today. Además, cursa estudios graduados en Psicología, con especialidad en Consejería. Actualmente se desempeña como creadora de contenido en Like Interactive.

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